Los Angeles Without a Map
Las palmeras de Los Ángeles tienen largas ambiciones de ruta. Parecen muy obstinadas en llegar a tocar el cielo. Conforme escribo esto tengo una a mi derecha que ya ha superado la altura del piso diez del Sunset Tower, el hotel donde me estoy quedando. Me encuentro en Los Ángeles con Hermès. Me han invitado al desfile de la colección mujer otoño-invierno 2026, Siluetas en el horizonte.
¿Cuánto le tiene que haber afectado al destino de esta ciudad llevar un nombre tan bello? La última vez que estuve aquí fue en 2019. Todavía no era madre y el COVID era una palabra desconocida. Estos dos sucesos se dieron casi al mismo tiempo. Así que nunca he sabido si la vida que yo conocía cambió por completo por lo primero o por lo segundo. Puede que la respuesta más sencilla sea también la única correcta, que fueron las dos.
Desde el avión que me lleva a este lugar veo coches y camiones avanzando con diligencia por carreteras. Es el mismo POV de cuando era niña y armaba atascos y resolvía accidentes con los coches de juguete de mis hermanos mayores. Desde aquí arriba pienso que cada vehículo en miniatura que se mueve contiene una persona que fue parida por otra. En el reverso de cada una hay una madre, muy cerca, muy lejos o fallecida. Desde un avión la vida significa otra cosa.
Pero cuando me encuentro a la misma altura que los coches que horas antes tanto me habían inspirado, caigo en que muchos de ellos no llevan ninguna persona dentro: son los Waymo, los taxis robot que operan solos desde 2024.
Sí, 2019 fue el final de un mundo, y la única prueba que tengo para apoyar mi tesis son los tiktoks que me salen expresando lo mismo a su manera y que acumulan millones de likes.
Los Ángeles es una ciudad que solo conozco en la vida de antes, aquella en la que no tenía una hija que pasaría a marcar un nuevo centro de gravedad. La misma en la que la idea de acceder a la carta de un menú de un restaurante a través de un QR nos habría parecido inadmisible.
Recuerdo pasear por aquí en mi luna de miel por los mismos lugares donde estoy ahora, en este mismo hotel, el chateau... Tan pequeña sin saberlo, tan plácidamente dormida en los hombros de la persona con la que acababa de formar una familia.
La noche antes del desfile vamos a cenar al Funke. Nadège Vanhée, directora artística de Hermès, se acerca a saludarnos a nuestra mesa. Durante los primeros minutos no sé quién es. Por supuesto ella tampoco sabe quién soy. Pero seguimos hablando. La miro, siento su aura, veo su rostro y pienso: yo querré parecerme a ella. (No soy tonta ni nada).
Llega la tarde del gran día. Un caddy nos acerca al lugar del desfile. Un pabellón en las colinas de Bel Air se transforma en un escenario que se funde con la luz de la hora dorada. No parece real. Había olvidado que después de su nombre, la luz es lo que hace de Los Ángeles un lugar mágico.
Veo a Miranda July y mi corazón empieza a latir. ¿Tú te imaginas? ¿Publicar libros que provocan que, años más tarde, una persona te vea en un desfile y su corazón empiece a bombear más sangre solo por ver tu cuerpo por primera vez? Está Bret Easton Ellis, Miley Cyrus… Y tantas otras caras.
Nos sentamos en los asientos que nos han asignado, suena la música y empiezan a desfilar las modelos. Estoy muy nerviosa sin razón: no tengo otra cosa que hacer que mirar. La cadencia con la que van desfilando, su fisionomía particular, la expresión de su mirada, las prendas que llevan… todo respira un lenguaje común, un mismo código expresado de formas distintas y que une a la bailarina, la artesana y la mujer.
Cuando quiero formarme una opinión sobre un desfile, me gusta reducirlo a una sola pregunta: ¿Cuántas de estas prendas usaría en mi día a día, si pudiese? La respuesta corta y sincera de hoy es que todas. Hermès es imbatible. ¡Llevan en este juego desde 1837! Es feminidad, elegancia, precisión y rigor en su máxima expresión.
Al terminar, Nadège Vanhée sale a saludar y suena muy alto Bette Davis Eyes, que ya se ha convertido para siempre en la banda sonora de un viaje soñado en medio de un mes intenso de promoción de mi nuevo libro.
A la mañana siguiente pido room service para escribir esta carta mientras desayuno. Me pregunto si la palmera de mi derecha habrá crecido algún centímetro desde que llegué. El camarero que llama a mi puerta lleva una bandeja enorme y parece Joaquin Phoenix con un alma menos torturada. Puede que el 2019 fuera el fin de un mundo, sí, pero el refrán que me ha recordado Santiago sigue igual de justo: “In L.A., every waiter is a model, every model is an actor”.
Feliz sábado a todas las que celebran,







Como no ibas a estar nerviosa, era el desfile de Hermès!! :)
Xx
Uau, uau, uau …🤍